BREVE REFLEXIÓN SOBRE LOS SISTEMAS DE CONDICIONAMIENTO CANINO



(por Aguer Mauro - copyright)

Humano y perro, especies sincronizadas, por excelencia gregarias, "para el perro, el grupo humano al cual está ligado es su jauría y hemos compatibilizado ya en convivencia aparentemente inseparable (Bernard, Ph. 2001, traducido, adaptado); no obstante, en ocasiones esta unión resulta problemática si el propietario de un perro no alcanza a comprender las conductas caninas que están determinadas por la herencia y el medio:

Herencia: Las conductas son innatas en los perros cuando sin influencia de aprendizajes previos las reproduce, es decir, "si los progenitores [o congéneres] o humanos no enseñan al perro algo, este hará solamente aquello que por instinto le corresponde" (D. Antonio Pozuelos J. de Cisneros, Conferencia IADCRO 2009, modificado).

Medio: El cachorro desde que nace estará influenciado por el medio donde se desarrolla y pasará por dos importantes etapas de socialización:

a) Socialización primaria: En la primera etapa de la vida del cachorro se produce la impronta (especie de aprendizaje imitativo) donde el ejemplar mediante la interrelación con su madre y hermanos de camada aprende un complejo lenguaje de comunicación visual, olfativo, acústico y de estímulo físico (donde se emiten señales que reflejan intenciones) que construyen sus primeros patrones de conducta y habilidades sociales.

b) Socialización secundaria: El criador, mediante los primeros contactos, establecerá en el cachorro las bases de un aprendizaje asociativo, aquí podemos decir que comienza la socialización secundaria; sin embargo, su real desarrollo estará a cargo del nuevo propietario quien será "el factor más influyente" en el aprendizaje del perro.

EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO COMO BASE DE LOS SISTEMAS DE CONDICIONAMIENTO CANINO

Durante el siglo XIX dos grandes escuelas de pensamiento enfrentaban sus posturas, por un lado, estaban los seguidores de la psicología funcional denominados instintivistas (naturalistas y zoólogos europeos, entre los más trascendentes Charls Darwin, Konrad Lorenz, Karl von Frisch y Nikolaas Tinbergen) quienes estudian la historia evolutiva de la especie y el comportamiento tanto simple como complejo de los organismos en entornos naturales (o en experimentales ambientes de semicautividad) centrándose principalmente en el instinto; por otra parte, se encontraban los conductistas (fisiólogos y psicólogos anglosajones cuyos principales referentes son Iván Pavlov con el "reflejo condicionado", John B. Watson con el "conductismo" y Burrhus F. Skinner con el "conductismo radical") quienes dejan de lado el instinto y proponen que todo esquema conductual en los seres vivos es aprendido por reflejo condicionado, es decir, "los organismos vendrían al mundo como una hoja en blanco donde la experiencia y el aprendizaje van escribiendo las pautas de su comportamiento" (Alsina, 1986).

Grandes debates se originaron entre las corrientes de pensamiento filosófico innatista y conductista donde cada una de ellas defendía a rajatabla su teoría respecto si la conducta en las especies se encuentra determinada por lo innato o lo adquirido (1); aunque, revisiones posteriores de dichas tesis demostrarían que serían perfectibles (2), pues todos los determinantes de la conducta no necesariamente corresponden de manera exclusiva a lo innato, o caso contrario, a lo adquirido, ya que en una secuencia conductual instinto y aprendizaje pueden surgir en yuxtaposición (3).

El instintivismo y el conductismo (y hasta el momento en menor escala el cognitivismo) conforman las principales ciencias de la conducta donde se han fundamentado los diferentes sistemas de adiestramiento y educación canina, de ahí, lo variado (y discutido) de los mecanismos para condicionar la conducta de nuestros perros, donde algunas comunidades metodologicas han adoptado posturas absolutas respecto de su sistemas como si fuesen lo "único correcto y más eficiente para todo caso y situación".

La buena noticia es que, en la actualidad, las nuevas generaciones de adiestradores están imponiendo una acertada tendencia al alejarse de viejos sectarismos metodológicos (impulsados generalmente por intereses económicos, sin descartar ego de ciertos autores) basados en castigos positivos, castigos negativos, refuerzos positivos, etología canina aplicada, etc., pues la verdad se hace evidente ya que el "principal elemento" de un sistema de trabajo que interactúe con seres vivos es precisamente la "flexibilidad metodológica", en otras palabras, los individuos al ser únicos e irrepetibles pueden presentar sensibilidades distintas unos de otros frente a idénticos estímulos; por añadidura, es imposible pensar que un único estímulo condicionante resulte capaz de abarcar con máxima eficiencia toda situación.

Un educador canino que considere "la pluralidad de corrientes metodológicas en su trabajo" ampliará el potencial de eficiencia ya que obtendrá versatilidad (variabilidad y flexibilidad) en la aplicación del estímulo que resulte más apropiado para condicionar la conducta del perro en función de sus "características individuales y respuesta".

NOTAS

1) Alsina (1986) define la esencia del debate "Etología Vs. Conductismo" de la siguiente manera: "Toda discusión intelectual en torno a la conducta es, en última instancia, una disquisición sobre si los determinantes que mueven a actuar en un sentido o en otro son innatos, es decir, están ya en el sistema nervioso del organismo en cuestión, o son adquiridos, o sea, si proceden del medioambiente en forma de aprendizaje o reflejos condicionados".

2) El conductismo Skinner recibiría duras críticas sobre el diseño experimental de sus "cajas" (pequeño habitáculo que contaba con una palanca en su interior donde se introducía un animal hambriento el cual al tocar dicha palanca recibía un premio alimenticio), pues la misma forma de la caja impone una situación ambiental que condiciona las variables, haciendo que el organismo reaccione del modo en que lo hace en función del propio diseño, por ejemplo: cuando se implementaron palomas como sujetos de estudio, la caja limitó su espacio, las aves estaban atadas, solo podían mover lentamente la cabeza para picotear o dejar de hacerlo; por consiguiente, "como menciona Juan Bautista Fuentes Ortega, se habría logrado por mediación de las cajas conectar las entradas (programas de reforzamiento) a las salidas (registro acumulativo) un hecho que en cierto aspecto resultaría ser de poco mérito gnoseológico desde el punto de vista de la constitución de la escala de la psicología experimental" (Citado por Iñigo Ongay de Felipe 2006). También aparecieron otras complicaciones para los conductistas, las especies no serían intercambiables unas con otras, los organismos manifestaron "restricciones biológicas al aprendizaje" (Seligman), problemas con la "aversión condicionada al sabor" (García y Koelling), "relevancia de estímulos" (Revusky) o utilización de mapas cognitivos en el recorrido de laberintos, lo que lleva a plantear si "¿es posible una ciencia de la conducta hecha sobre todo en animales, pero sin que la especie cuente para nada? (Tomás R. Fernández)" (Citado por Iñigo Ongay de Felipe 2006). Por otro lado, en el instintivismo "los etólogos se encontraron muy pronto con comportamientos animales que no podían atribuirse a la herencia; eran comportamientos aprendidos, inventados acaso por un individuo y transmitidos al grupo, socializados, por una herencia similar, en cuanto a los mecanismos de transmisión al parecer, a lo que en el hombre se llama tradición cultural" (Bueno, 1991).

3) Tinbergen indicaría: "La conducta se moldea en cada especie no en virtud de unas pautas rígidas e inmutables, puesto que todo lo que está dado de un modo innato, necesita de un medio para desarrollarse, otras veces la conducta preprogramada es inmadura y necesita una suerte de moldeamiento por realimentación de las ejecuciones primerizas", por ejemplo: "Sabater Pi, observó que los chimpancés nacidos cautivos no saben construir nidos, aunque sí componentes "fragmentarios" de esa conducta nidificadora (sentarse sobre los montones de hojas, acercarlos a su cuerpo, etc.), lo cual sería una situación de aprendizaje, una combinación de imprinting e imitación, sin excluir ensayo y error, pero tan natural biológicamente (pues incluso llega a ser condición de supervivencia), como pueda serlo la conducta de lactancia (Bueno, 1991)". (Citado por Iñigo Ongay de Felipe 2006). Aunque, la observación de Tinbergen no explica todos los procesos de la conducta fue suficiente para romper con las posturas innatistas y conductistas más radicales.

BIBLIOGRAFÍA

Mauro Aguer (2014), Yo Soy Américan Pit Bull Terrier

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